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Si los gatos nos pudiesen comunicar su lista de enemigos, ésta de seguro estaría en las primeras posiciones. La jaula no goza de buena reputación en el mundo felino. Y no es para menos, el minino sabe que cuando ella aparece, el viaje al veterinario está cerca.

Pero desgraciadamente son necesaria. Ningún otro método es tan efectivo para mover al gato de un sitio a otro. ¿Cómo lograr que cambie su actitud hacia ella?


La jaula correcta: El primer paso es conseguir la jaula ideal. Estas varían en tamaños y material para cada situación. Las de plástico con puerta de metal son las más indicadas pues le proveen un ambiente seguro. Las jaulas de tela son las más efectivas si vas de viaje en avión pues al ser moldeables caben cómodamente debajo del asiento.

A continuación te indicamos dos soluciones para el mismo dilema:
• #1: Hay que llevarlo de inmediato
• #2: Tienes tiempo para adiestrarlo
Ambas requieren de tu paciencia y perseverancia.

#1: Hay que llevarlo de inmediato
En este caso no hay tiempo de adiestrarlo a que entre a la jaula voluntariamente. Tienes que llevarlo ahora y no hay tiempo que perder.

NOTA: Tu gato es más listo de lo que piensas. El truco es que no vea la jaula en movimiento.

• Cuidadosamente, trae la jaula y déjala en una superficie accesible.
• Colócala con la puerta hacia arriba para que puedas entrar al gato con más facilidad.
• Deja la puerta abierta.
• Coloca par de toallas en el fondo. Estas sirven para mantenerlo cómodo y además absorben "accidentes".

• Busca al gato. Agárralo como si le fueses a dar cariño. Háblale en voz baja.
• Trata de que no vea la jaula.
• Entra su rabo y patas traseras primero. Mantén firme tu agarre. No lo sueltes.
• Una vez el gato esté dentro, con una mano aguanta su cabeza, con la otra vas cerrando la jaula.
• Si el gato se niega a entrar: Espera a que se calme e inténtalo en unos minutos. El truco del kitty burrito (envolverlo en una toalla) puede ser la clave del éxito.

#2: Tienes tiempo para adiestrarlo
Este proceso debe comenzar tan pronto el gatito llegue a tu casa. Si desde pequeño o recién adoptado entiende que la jaula no es una máquina de tortura, sus vidas serán más fáciles.

Jaula a simple vista: Si la ve constantemente, no la verá como peligrosa. Déjala con su puerta abierta en una esquina de su territorio.

Haz de la jaula un cuarto entretenido: Echale algunos de sus juguetes favoritos (el olor del catnip los atrae, intenta con juguetes rellenos de la hierba) además de par de bocaditos. No fuerces al gato a entrar, deja que explore a su tiempo.

Comiendo dentro de la jaula: Ya sea con bocaditos o con su comida, ve entrenando poco a poco al gato para que coma tranquilo dentro de la jaula. NO le cierres la puerta. Déjalo que se acostumbre.

Puerta cerrada: El paso más fuerte. Practica cerrando la puerta mientras está comiendo y al abrir, dale un bocadito cuando salga como premio. La idea es que entienda que la puerta cerrada no significa peligro.

Paseo corto: Cuando ya esté acostumbrado a entrar y salir sin sentirse ansioso, cierra la puerta y llévalo a un corto paseo. Puede ser dentro de la casa o por el patio. Al regresar, abre la puerta y prémialo con palabras de ánimo y un bocadito.

Listo para el auto: Luego de que se acostumbre al paseo por el patio o vecindario es momento de llevarlo en el auto. Si el entrenamiento ha sido efectivo el minino se sentirá nervioso por el auto, pero seguro dentro de su jaula.

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